José Eduardo Araujo

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Trayectoria de Letras

EL AUTOR

José Eduardo Araujo

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NOVELAS

Alegorías en Clave de Estupor

El náufrago de la legua

La luz de un fósforo fue

POEMAS

Anuncio que estoy vivo

Crónicas del asombro

ENSAYOS

El ciclo poético
Intransigencia XXI
Elogio de la Resistencia

RELATOS

Triste páramo en el valle...
y otros  relatos



































































































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José Araujo nació en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Militó en las filas de la Juventud de la Unión Cívica Radical. Encabezó la protesta estudiantil del Reformismo del sur de la provincia de Buenos Aires contra la política educativa del Ministro Dell ´Oro Maini. En 1968 se radicó en la ciudad de Córdoba para estudiar Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de esa ciudad. En el lapso que media hasta su graduación como abogado, actuó en el campo gremial en sectores internos por entonces Izquierda del S.E.P. (fue empleado en el Tribunal de Cuentas de la Provincia de Córdoba).

NOVELAS

 En Córdoba esta primavera es calurosa. Las ropas livianas que lleva la gente prueban que son escasos los detalles que la diferencian del verano. Los vahos que exhalan los automóviles son más molestos porque la temperatura, mezclada con un poco de humedad, exagera el olor de los combustibles transitando hacia  un destino de cielo contaminado. El cemento chupa el calor, el asfalto parece una alfombra viscosa - la cara visible de una ciénaga urbana- y el sol y las nubes producen una sensación agobiante que auspicia los sudores de los que no tienen más remedio que andar por las  calles.  Octubre es caliente en una ciudad caliente.

El mes pasado publiqué una carpeta con poemas, cuya tirada de veinte ejemplares se agotó en lo que duró un rayo en hacerme bolsa el televisor una noche  de tormenta.
Tal éxito se debió a la rapidez que me caracteriza para notificar a mis amigos (no a todos, por obvias razones) cuando termino algo que me insinúa la posibilidad de recibirme de poeta, pues no es cuestión de serlo sino también-por exigencias del código de la vanidad- de parecerlo mediante ediciones de autor, ora pitucas, ora modestas.

No conozco nada de mares, de ríos, de navegación ni de algo que se les parezca, a pesar de que me crié cerca del Atlántico, al que, por mis propias fuerzas, no debo haberme introducido más de diez metros en mi vida; y si alguna vez anduve en barco fue en carácter de turista recorriendo el Caribe, el Mediterráneo, el Pacífico o el mismo océano cerca del cual transcurrieron mi infancia y parte de mi juventud. Pero ésa es otra historia. Lo cierto es que, no obstante mi ignorancia total, los puertos siempre me han atraído por una causa todavía inefable. Hace un rato leía la obra de un filósofo que, en pocas líneas, fue a parar a esta postulación: el hombre vive de ensueños que, en definitiva, se condensan en la Poesía, irrealidad onírica que tiene su origen vaya a saberse en qué clase de calidoscopio que gira sobre el eje del alma.

POEMAS

Intentamos dominar el tiempo
cuando las conjeturas componen

la última reserva de nuestras pretensiones
el presente se acomoda en un futuro que nos consolaría
de no tener el músculo
un destino de ceniza entonces se materializan
las ansias de la permanencia
los estribos tiesos
las riendas frenéticas y la imaginación imprudente

 Llegaste desde el vientre secular de los milagros
cuando febrero andaba en el último sorbo del estío
tus ojitos abiertos envuelta en el múltiple rebozo de la bienvenida
yo te tuve en mis brazos desde el origen mismo de tu asombro
hecho una frágil montaña de emociones
cuando escuché tu primer berrido
confundido en el denso aire de la noche
lloré como lloran los hombres solitarios
ante Dios comprobado para siempre y te tuve en mis brazos desde el primer instante de mi asombro 

ENSAYOS

Hace muchos años, don Oscar Guiñazú Alvarez me invitó a participar en un encuentro poético en Villa Dolores. Fui atraído por tal acontecimiento, el más importante, por entonces, en nuestro país. Al finalizar me pidió opinión sobre lo oído y vivido. Le escribí una larga carta en la que le expresaba mi preocupación por no haber podido aprender mucho, según eran mis expectativas. De acuerdo a mi parecer, se juntó mucha gente, se leyeron muchos poemas, se vivieron veladas plenas de alegría; pero en general primó cierta vanidad propia de los escritores afanosos de ser escuchados. Desde aquel tiempo conservo esa preocupación: poco es lo que se estudia la Poética (excepción hecha en los institutos académicos); y si bien es cierto que hay temas propios de los críticos y profesores, no es menos verdad que “el conocimiento del oficio”, como dice González Tuñón, es imprescindible para los que sienten con profundidad la necesidad de expresarse a través del Poema.
Cualquiera podrá preguntar por qué, habiendo varios libros e infinidad de documentos y artículos recopilados en magníficas revistas referidos a la Intransigencia y al partido que hoy la encarna, se escribe uno más sobre lo mismo. Hay varias respuestas para esa cuestión. En primer lugar este libro tiene como objeto principal colaborar en la difusión de los ideales intransigentes. Quienes nos hemos adherido a la Intransigencia estamos enamorados de su doctrina (a pesar de lo que piensan Gonzalo Fernández de la Mora y otros); no sólo la comprendemos y la irradiamos desde un punto de vista intelectual y aun politológico, sino también desde un ángulo acabadamente afectivo, convencidos que es la más completa y clara posición frente a la realidad de nuestro país y el resto de las naciones latinoamericanas, con actitudes consecuentes llenas de alegre y enérgico compromiso militante.
Jóvenes son los que se rebelan y luchan contra las injusticias sociales y políticas del tiempo en que se integran.
Si no lo hacen han envejecido prematuramente y con el tiempo merecerán su propio e íntimo reproche.
El Partido Intransigente no trabaja tan sólo para una elección o para la conquista de cargos o posiciones, sino para articular un verdadero aparato emancipador que, aun más allá de los votos, tras tantos años de derrotas, vaya configurando una verdadera toma de conciencia... (Oscar Alende)

RELATOS

El valle del río San Antonio tiene los elementos que pueden regocijar a una persona; y hasta cuenta con  seres humanos que, por regocijados, transmiten su alegría a los recién llegados, como a nosotros un día lejano. Poco a poco el valle se fue poblando con gente que huía de asfaltos y bocinas y en su inventario, con asombro, incluía las aguas del río bajando hacia el lago, mansas casi siempre, las piedras, los árboles, las flores, los insectos, los pájaros y todos los aromas unificados por el viento y un poco de humedad para formar el perfume característico de la zona. Ante tal perspectiva decidimos radicarnos definitivamente en el lugar – al que antes visitábamos sólo los fines de semana- para lo cual compramos un terreno (inclinado por pertenecer a una ladera serrana, que parecía deslizarse hacia la costa del río) y comenzamos la edificación de una casa con la intención de incorporarla al paisaje.

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